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Anita Vivas: “Mi vida es bailar”

Su nombre es sinónimo de ritmo y movimiento, tanto así que ocupa un importante lugar en la conciencia colectiva nacional cuando de baile se trata. Hoy, dedicada a la docencia y formación de nuevos valores, habla de sus inicios, sus logros y su vida

 


 

Redaccción y fotografía: Roberto Rodríguez

Anita es menuda, quizás de allí viene el diminutivo que ha acompañado su nombre toda la vida. Sentada en la terraza de un café, Anita disfruta de un helado. Con la misma ilusión que seguro le hacia una “tinita” cuando era niña, lo disfruta poco a poco y responde a las preguntas entre risas y recuerdos.

 

Ni tan fácil

Cuando se le pregunta a Anita Vivas el tiempo que lleva bailando, la respuesta es contundente. “Profesionalmente, son 25 años bailando. Aunque yo creo que mi carrera comenzó cuando me empecé a mover por primera vez en el vientre de mi madre”. Anita identifica su habilidad para el baile como una característica innata. “Fue algo totalmente intuitivo, estaba dentro de mí. De hecho, yo fui quien le pidió a mi mamá que me inscribiera en la escuela de baile”. Que Anita decidiera bailar no fue algo que se aceptara en su casa con una sonrisa. “En mi época había mucho tabú. Una bailarina estaba muy mal vista, se decía que era una cabaretera. ¿Ponerse un traje corto para bailar tap o charleston? ¿Algo por encima de la rodilla? Oh, oh”. Las mayores objeciones las recibió de su padre. “La primera persona que me limitó fue mi padre. El decía que para ser bailarina o dedicarse al mundo del entretenimiento había que ser el mejor”. Finalmente, Anita se armó de valor y logró seguir su vocación. “Cuando tenía 18 años le dije a mi padre - lo siento papá, pero voy a hacer lo que quiero y me hace feliz”.

 

Éxito temprano

Una vez que Anita formalizó su interés por el baile, las ofertas no dejaron de lloverle. Una gran oportunidad que no desaprovechó la llevó más allá de las fronteras. “A los 21 años me fui a estudiar a Nueva York con el apoyo de RCTV y eso amplió muchísimo mi visión del espectro de la danza, estoy hablando de los años 70”. Esta suerte de “descubrimiento” del mundo tenía mucho sentido. “En los años anteriores me dediqué a mi escuelita de danza, donde Julia Españoleto fue mi única maestra de ballet, de flamenco, de baile internacional y hasta de danzas nacionalistas”.

Mientras era bailarina y coreógrafa de RCTV, Anita aclaró esta situación. “A los 21 años ya era coreógrafa de una planta de televisión, tenía a 18 personas a mi cargo. A mis bailarines les llevaba 2 ó 3 años y yo pienso que eso fue una revelación. Le agradezco al medio de la televisión, pues allí se hizo mi nombre”.

 

La maestra

Anita Vivas tardó un poco en darse cuenta de que disfrutaba impartir clases de baile tanto como bailar, y una vez que lo entendió, se encaminó por un sendero nuevo. “Actualmente puedo ser maestra sin bailar, pero antes eso me generaba muchos conflictos”. Dicen que lo cortés no quita lo valiente, y Anita parece ser muestra de ello. “Pienso que tengo una misión de vida de la cual me di cuenta muy temprano. A mi me encanta bailar, bailé muchísimo, de hecho aún lo hago, pero no sé, hubo algo dentro que me cambió”. El nuevo camino estaba lleno de sacrificios. “Llegó un punto en el que me retiré, con el 100% de condiciones. Casi no bailaba porque estaba más pendiente de cómo iba a lucir lo que estaba montando con mis bailarines”. Ser formadora trae otras recompensas. “El hecho de ver que un alumno logra hacer un paso, o saber que esa persona pasó por las manos de uno y que ahora ocupa un sitial muy alto en alguna compañía es muy rico”.

 

La vida

Con 25 años de exitosa carrera a cuestas, ser Anita Vivas es toda una responsabilidad.

“Creo que he alcanzado mi sueño, bailar es mi vida, y todo lo que he hecho lo hice por pasión”. Como toda una institución, Anita Vivas reconoce lo mejor y lo peor de estar en su posición. “Lo más difícil es que la gente ejerce presión, uno no quiere cometer errores y además creen que uno es inalcanzable, y eso trae cierta soledad”. E inmediatamente rescata lo mejor. “Lo más fácil de ser Anita Vivas es ser una institución sin cara. No soy reconocible fácilmente, puedo hacer cosas sin que la gente sepa quién soy”.

Luego de haber visto pasar bailarines y bailarinas, Anita tiene su ideal del talento para las tablas. “A veces he conseguido gente con mucho talento, grandes extensiones, buena rítmica, disposición, pero sin ángel, y he conseguido personas sin la más mínima extensión, que giran y se caen, pero con un ímpetu y una pasión que me encanta”. “El talento es muy importante, pero no es lo único. Para mi nadie tiene dos pies izquierdos, están sólo en la mente de la gente, son limitantes, eso es miedo”. ¿La conclusión? Sencilla. “Todo el mundo puede bailar”.

Entrevista realizada en 2007 y publicada en la 1era edición impresa de Estilo Baile (páginas centrales: 24 y 25)


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