Milagros Egui, coreógrafa, bailarina y cazadora de sueños, evoca sus recuerdos para escribir los inicios de una agrupación de danza con más de 25 años de trayectoria artística: Pisorrojo
Milagros Egui
Marzo de 1981, mi maestro de danza Grishka Holguin me pidió que le hiciera una suplencia durante tres meses en las clases que dicta para el Taller Experimental de Danza de la Universidad Central de Venezuela. Necesitaba montar una retrospectiva de sus coreografías con el taller que, para ese momento dirigía el Negro Ledesma.
En ese tiempo éramos danzarines errantes sin sede propia, que deambulábamos descalzos buscando un espacio para bailar entre la Sala de Conciertos, el Aula Magna y un pasillo estrecho, sin espejos, con el suelo rojo y bien duro, El piso rojo.
Decidí hacer la suplencia y aproveché la oportunidad para compartir mis conocimientos de la técnica de danza moderna cubana, que había aprendido en La Habana con el maestro de Danza Nacional de Cuba Arnaldo Patterson. Se trataba de una propuesta radicalmente distinta al trabajo de Grishka y representaba un gran atrevimiento. Pero me lancé y pronto conseguí cautivar a mis nuevos alumnos con la calidez, el ritmo y la belleza de esos movimientos.
Grishka también estaba encantado. Se asomaba por ahí de tanto en tanto y disfrutaba observarnos danzar. Al final de la clase me regalaba un comentario que enriquecía pedagógicamente mi trabajo y me estimulaba a crear.
Los conflictos interpersonales estallaban algunas veces, la Universidad Central de Venezuela siempre ha sido un espacio que propicia el acercamiento de diversas expresiones socioculturales y las fricciones son inevitables. Un día, después de una intensa clase que nos había dejado sudorosos y radiantes, se me ocurrió pedir a mis alumnos como tarea, que escribieran lo que sentían al danzar. Y así fue, como en la próxima clase, tirados en el suelo del Aula Magna, nos leímos unos a otros nuestros escritos y en un solo asombro comprendimos que a pesar de las diferencias éramos igualitos, amábamos la danza con idéntica pasión y ese descubrimiento nos acercó.
A partir de entonces fue fácil montar mi primer trabajo coreográfico la Tabla Técnica de Danza Moderno Cubana, la cual presentamos en el Ateneo de Maracay el 26 de junio de 1981. ¡Ya teníamos un grupo!
A su regreso, Grishka me pidió que me quedara en el taller como maestra, coreógrafa y coordinadora, formando de esta manera junto con él un equipo entusiasta y muy efectivo.
En noviembre y diciembre de ese mismo año como motivo de la celebración de los 260 años de la Fundación de la Universidad Central de Venezuela, nos presentamos en la Sala de Conciertos y en el Auditorio de la Facultad de Economía, usando por primera vez nuestro nombre de batalla: Pisorrojo. El programa incluía dos nuevas coreografías de Griska Holguin: Chop Suey y Ostinatto y dos de mis coreografías, Piel y Tabla Técnica de Danza Moderna Cubana y Sueño, con música de Diego Silva.
Todavía puedo recordar algunos nombres de los primeros danzarines de Pisorrojo: Begoña Abad, Olga Alliot, Claudia Capriles, Norma Cortéz, Luís Armando Castillo, Larry Galvis, Rafael González, Vicente González, Enrique González, Migdalia Hernández, Joni Huizi, Isabel Jabardo, Diego López, Gloria Núñez, Miriam Orta, Jhonny Rodríguez y Elena Zamora.
Así comenzó la historia de Pisorrojo, un grupo que ya cuenta con más de un cuarto de siglo, que ha experimentado varias etapas y que continúa siendo un semillero de excelentes bailarines, coreógrafos, maestros y creadores. Una historia escrita por miles de cuerpos de todas las edades, niveles y colores.
Entrevista realizada en 2007 y publicada en la 1era edición impresa de Estilo Baile (páginas 34 y 35)