Carmen Garza: "La pasión emerge del vientre"

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Bailaora, maestra, esposa, amiga y ahora madre, se deja llevar con la sinceridad y la ternura que la caracterizan, para contarnos el momento que transformó su carrera

 

 

 

Xuyen Zambrano

Más de diez años de trayectoria en el flamenco y cada instante lo ha vivido a plenitud, gracias a lo cual ha logrado un gran entendimiento de sí misma.  Adora compartir la escena con otros artistas, de los que siempre aprende algo nuevo.  Ha extendido su alcance más allá del baile, utilizando las herramientas adquiridas para dirigir y producir un espectáculo desde su creación hasta la puesta en escena.  Carmen Garza, bailaora marabina, tiene un nuevo amor en su vida.

—Como bailaora, ¿cuál ha sido el momento más difícil?
—Ser bailaora en Venezuela ya es cuesta arriba, cada proyecto, cada producción implica un reto, un esfuerzo físico y económico que sólo se olvida cuando pones un pie en el escenario. Eso cuando corres con la suerte de llevarlos a cabo, porque la dura realidad que debes superar y con la que te enfrentas a diario es que pasas más tiempo añorando las tablas que sobre ellas. Sin embargo, cuando pienso en el momento más difícil en mi vida de bailaora, curiosamente coincide con el momento más maravilloso en mi vida personal...el nacimiento de mi hija Carmela.

—¿Qué cambios físicos, psicológicos y emocionales produjo?
—Lo que ocurre en el cuerpo y en la mente de una mujer que se convierte en madre es una experiencia única y como artista te llena de recursos. Vives en pocos meses transformaciones físicas y emocionales muy drásticas y extremas y se crea un ambiente perfecto para resurgir como artista; claro, una vez que el cuerpo te lo permite, ya que durante el embarazo pierdes condiciones aun cuando no dejes de bailar.

Sin embargo, el verdadero reto viene en recuperarte después del nacimiento, ya que te enfrentas con la sensación de estar bailando con un cuerpo prestado; lo más básico, la postura o hasta mantener la estabilidad hay que aprenderlo de nuevo. Psicológicamente tienes el recuerdo de lo que se sentía bailar, pero no coincide con lo que ocurre a nivel físico. Esta sensación aunada a la depresión post-parto, el cansancio por las malas noches y la incertidumbre de cómo hacer para poder bailar entre pañal y pañal, hicieron de esos días una verdadera confusión y comencé a cuestionarme si sería capaz de encontrar un sano equilibrio entre ser madre y profesional.

El haber superado esa etapa me llenó de valentía, de ilusión y de unas ganas locas de drenar todo bailando.  Así que con mi niña de 9 meses de edad viaje a Madrid y dejé en los estudios de Amor de Dios todo rastro de embarazo en mi baile; superé el nivel que tenía antes del embarazo y conseguí un baile más personal, más visceral, más sentido y sobre todo más femenino.

—¿Transformó tu carrera?
—Definitivamente existe un antes y un después.  El año en que nació Carmela bailé en Madrid y produje un espectáculo llamado Matices en el que compartí escenario con el bailaor y maestro Domingo Ortega, junto a músicos de gran trayectoria internacional, lo que ha significado un gran logro en mi vida profesional.  Hoy en día lo identifico como una consecuencia directa del proceso que viví durante mi maternidad.

—Como coreógrafa y educadora, ¿sientes algún cambio?
—Como coreógrafa me siento muy estimulada a crear, ya que estoy experimentando el mundo a través de los sentidos de mi niña y me maravillo con las pequeñas cosas como si fueran nuevas para mí también y eso definitivamente ha detonado un proceso creativo maravilloso que espero se refleje en mi trabajo coreográfico.
Como educadora considero que ahora que soy madre, soy más consciente del compromiso y de la trascendencia que puede tener un maestro en la vida de una persona y valoro aún más la confianza que los padres depositan en mí.

Me gustaría dejar huella en mis alumnos, se dediquen o no a la danza, quiero estimularlos, quiero lograr sacar el potencial de cada uno como ser único e irrepetible, me gustaría ser para ellos la clase de maestro que sueño para mi hija.

—Si pudieras volver al 2005, ¿decidirías de nuevo ser mamá?
—Claro que sí. Mi hija es un regalo del cielo, no me va a alcanzar la vida para expresar lo feliz que me hace ser madre. No cambaría nada de mi vida, por el contrario, tener una vida personal plena me llena de motivos y de recursos para mi vida profesional.

Entrevista realizada en 2007 y publicada en la 1era edición impresa de Estilo Baile (páginas 9 y 10)


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