Esta profesora de danza detiene su baile, y rodeada de sus alumnos y vecinos, cuenta su historia y lo retadora - pero reconfortante - que es su misión en San Agustín del Sur
Freddy Gonçalves
Como una elegante diva salida del Tropicana, Aleida Hernández invita a la pista de baile de una humilde escuela de danza, donde entre bailando y enseñando, muestra su lucha por llegar a ser una persona respetada en su parroquia.
Originaria del barrio La Charneca, esta disciplinada y dedicada mujer, habla de su ardua labor como profesora de danza y del difícil trabajo que le ha tocado gestar en la zona.
Calentando
Apasionada por el baile, habla vanidosamente de su origen. “En mi familia hay cantantes, músicos, bailarines. Mi mamá de crianza, Rosa Margarita Palacios, fue y es la primera bailarina de San Agustín. Ella bailó con Retablo de Las Maravillas, con Renny Ottolina. Yo traía el baile en la sangre y de paso, me lo inculcan”, afirma ufana.
“Mi preparación empezó en la escuela Gustavo Franklin, con ballet clásico; estuve con Danzas Venezuela; el grupo nacional Madera; la Escuela Nacional Ditirambo; y fui la primera alumna de Carlos Enrique Costa, cuando él ni siquiera tenía Coreoarte. También estudié gimnasia rítmica, y otros géneros como danza nacionalista, folklórica, afroamericana, y latina. A los 16 años empiezo mi trabajo de docente”, expresa con una sonrisa en su rostro.
Aún en la actualidad, confía en la técnica como espacio seguro a la educación del cuerpo, y decreta “el ballet clásico es el preescolar. Una bailarina que no te sepa ballet clásico, es una bailarina de guataca, es como el músico que no te sabe leer la partitura”.
Marcando pasos
Su vocación a la enseñanza la llevó a dar clases en casa de los vecinos en los barrios aledaños a la zona. Actualmente posee un espacio donde da clases todas las tardes a partir de las 6:00 pm. “Este espacio tiene años aquí, a nivel estructural es el Centro Simón Bolívar. Era un cementerio de material de oficina. Un día inesperado amaneció vacío y los malvivientes comenzaron a consumir drogas acá. Pero hubo un grupo de personas que lo invadieron para usarlo en beneficio de la parroquia”, confiesa.
Decidida, saca adelante la escuela en compañía de sus alumnos. “Trabajábamos con una radio que traían los alumnos, hasta que nos donaron un equipo de sonido. Igual hubo que buscar cornetas, espejos… Uno enseña como puede, pero el trabajo artístico necesita de material didáctico, no solamente de un sonido”, asegura. “No se trata de bailar por bailar, sino de educarse, de saber qué estás bailando, la teoría es importante”.
El show debe continuar
A pesar de las dificultades, Aleida conoce su entorno y trabaja en positivo para mejorarlo. “Los que venimos del cerro sabemos el potencial que tenemos, a pesar de los tiros, peleas, drogas. Los niños caen en vicios porque sus cualidades no se reconocen, y faltan espacios, y personas que los guíen. El trabajo de formación tiene que venir también incentivado por la familia. Los padres a veces dudan de la danza, y uno les aconseja que la acepten. La danza es una alternativa rentable, siempre y cuando uno sepa cuidarse. Yo tengo 48 años, y soy más vital que cualquier muchacho de aquí”, asevera.
“A mis hijos (sus alumnos), yo los regaño, les hablo del período, del embarazo precoz, de la droga. Y les digo que aquí nadie es incapaz. No importan los obstáculos que se te pongan en el camino, cuando uno quiere algo, lo logra. Uno puede surgir, sin dañar a nadie. Como yo, que soy guerrera a lo calladito. Amor y trabajo mata todo”, declara.
Ante los aplausos
La Escuela de Danza de San Agustín del Sur fue merecedora por tres años consecutivos el primer lugar del Festival de Salsa Metropolitano en distintas categorías. Orgullosa de sus triunfos, Aleida no se arrepiente en ningún momento de dejar sus viajes y la fama en el mundo de la danza, para dar clases en la humildad y carencia de su escuela en la zona que la vio nacer. “Quisiera que tomen en cuenta este espacio, y lo equipen de todo lo que necesita, para que sea una de las mejores escuelas de danza de Venezuela, y que sea nombrada en el exterior, que se sepa que fue salida de un barrio”, concluye mientras sus ojos brillan llenos de emoción.
Entrevista realizada en 2007 para ser publicada en la 2da edición impresa de Estilo Baile (inédita)