Ganadora del “Frauen Kunst Preis” 2003, otorgado por el Parlamento de la ciudad de Viena, directora artística de la agrupación Pisorrojo, esta coreógrafa de danza contemporánea abre su alma para compartir un poquito de su historia
Fedora Freites
Moravia Naranjo comenzó a estudiar Danza Contemporánea (1990 -Pisorrojo -UCV), para enriquecer su trabajo como instructora en el club de aeróbic de la UCV; además, era disciplinada practicante de carrera de fondo, llegando a correr hasta diez kilómetros diarios. Tres actividades que combinó durante un año, a pesar de las críticas que recibió de sus profesores Adolfo Ostos y Grishka Holguín.
Un día le robaron los tenis deportivos, por lo que tuvo que dejar las clases de aeróbic y las carreras diarias: “decidí quedarme sólo con la danza. Allí fue cuando todo comenzó realmente”, relata Moravia al respecto.
En 1991 pasó a ser parte del staff de Pisorrojo. El contacto con Juan Carlos Linares como investigador en danza Butoh y Daniela Pinto como investigadora del cuerpo (en aquel entonces con el Movimiento Auténtico) tornó su mirada hacia dentro del cuerpo. En el año 2001 decide establecer su vida en la ciudad de Viena.
Con el corazón en la patria
—Seis años viviendo y bailando en Viena, ¿qué extraña de Venezuela?
—La gente, mi familia, mis amigos…
—¿Cómo se da el paso de bailarina a coreógrafa?
—En cuadrado como el del Danzón. De lado a lado como en la Salsa. Intenso y seguro como el del Tango. Levantando polvo como en Joropo. Tumbando gente como en el Tambor. Sin tocar piso como en Ballet Clásico. Deslizadito como el chachachá. Pa’ lante y pa’tras…
—¿Qué la inspira como coreógrafo?
—Me inspira el cuerpo como espacio donde transitan y habitan las emociones, los pensamientos, nuestra historia. Me inspira la humanidad, sus placeres y sus conflictos. Me inspira la relación entre el entorno y el individuo. Me inspira la mirada, el cómo miro al mundo y el cómo creo que el mundo me mira a mí.
—¿Cómo selecciona el material que aportan los bailarines a la hora de montar una pieza?
—La idea, el concepto o tema de cada trabajo es lo que va definiendo lo que tomo y lo que dejo. Como creadora, dejo mover a la idea por sí misma.
—¿Cuáles son, para usted, las fronteras entre el arte y la realidad en la escena?
—La escena tiene su propia realidad, que se traduce en arte ante el ojo del espectador y del intérprete. No resalto ni distingo fronteras entre realidad y arte; yo habilito el libre flujo entre ambos conceptos.
—¿Cómo definiría el espacio escénico?
—Extensión del mundo interior del bailarín. Extensión contenedora de una o varias ideas. Relación tempo-espacial entre los elementos de la escena. Red, puentes flexibles por los cuales transitan el pensamiento, las experiencias, el saber, desconocimientos, emociones, tanto del creador y del intérprete, como del espectador.
—¿Cómo ve la danza actualmente en nuestro país?
—El hecho de ver muchas caras nuevas me hace pensar que la danza lleva un buen paso en nuestro país. Supongo que a raíz de la descentralización, las cosas se han tornado duras a nivel económico, sin embargo, noto que la producción coreográfica y de eventos no ha parado.
—¿Dónde estará Moravia Naranjo en veinte años?
—Las imágenes cambian a cada instante. A veces me imagino dando clases y bailando por todo el mundo, otras, dirigiendo un estudio dedicado a la exploración y bienestar corporal. A veces me imagino viviendo en la playa. No sé, a veces no me imagino porque podría estar muerta.
—¿Qué ha dejado Viena en usted y qué ha dejado usted en Viena?
—En Viena he aprendido a valorar el hecho de transitar sin la tensión generada por la inseguridad social. También aprendí a estimar la cualidad venezolana de responder ante la vida con una sonrisa. Los vieneses llevan a diario un poco de tristeza y de queja. No sabría decir exactamente qué he dejado yo en Viena, pero creo que como cualquier individuo y como artista, mi presencia influye en modos de pensar, sentir y de actuar.
Entrevista realizada en 2007 para ser publicada en la 2da edición impresa de Estilo Baile (inédita)